Me llamo **** * * [Butti] y actualmente estudio un ciclo de grado superior de Administración de Sistemas Informáticos en Red (ASIR)**. Sin embargo, nunca me ha gustado limitar mi aprendizaje a seguir un temario, memorizar contenidos y repetir tecnologías que, en muchos casos, avanzan más despacio que el mundo real.
Cansado de esa monotonía, decidí construir también mi propio camino. Desde 2021 estudio y experimento con inteligencia artificial, investigando nuevas herramientas y aplicándolas a proyectos reales. Durante este tiempo he trabajado con modelos de IA ejecutados en local, automatizaciones, gestión avanzada de servidores y sistemas NAS, integraciones entre servicios y creación de aplicaciones y páginas web mediante desarrollo asistido por IA y vibe coding.
No utilizo la inteligencia artificial para evitar aprender ni para delegar ciegamente todo el trabajo. La utilizo como una herramienta para investigar, plantear soluciones, desarrollar prototipos, programar, detectar errores y avanzar con mayor rapidez. Detrás de cada proyecto sigo siendo yo quien define los objetivos, toma las decisiones, revisa el resultado y se responsabiliza de que todo funcione correctamente.
Soy consciente de que la IA puede dar miedo. Cada gran cambio tecnológico lo ha hecho. Hubo una época en la que enviar un mensaje a otra persona podía tardar semanas o incluso meses; hoy podemos comunicarnos de manera prácticamente instantánea. Procesos que antes necesitaban equipos enteros y largos periodos de trabajo ahora pueden acelerarse enormemente con las herramientas adecuadas.
Con el desarrollo ocurre algo parecido. Un programador, tester o desarrollador podía necesitar meses, e incluso años, para completar determinados proyectos. Hoy, utilizando correctamente la inteligencia artificial, podemos reducir considerablemente esos tiempos, automatizar tareas repetitivas, detectar problemas antes y dedicar más esfuerzo a las decisiones que realmente aportan valor.
Eso no significa que desaparezcan los programadores, diseñadores, administradores de sistemas o testers. Significa que su trabajo evoluciona. La experiencia, el criterio, la creatividad y la capacidad de comprender un problema continúan siendo imprescindibles. Una IA puede generar código en segundos, pero no siempre sabe si ese código es seguro, mantenible, eficiente o realmente útil.
Creo que el verdadero valor no está simplemente en utilizar inteligencia artificial, sino en saber qué pedirle, cómo integrarla, cómo verificar lo que produce y cuándo no confiar en ella. Bien utilizada, permite dedicar menos tiempo a tareas mecánicas y más a pensar, diseñar soluciones y mejorar el producto final.
También creo que resistirse al cambio no hace que el cambio desaparezca. La tecnología seguirá avanzando, estemos preparados o no, y quien decida vivir únicamente de lo que funcionaba en el pasado terminará quedándose atrás. Adaptarse no significa abandonar todo lo aprendido, sino utilizar esa experiencia para enfrentarse a nuevas herramientas y formas de trabajar.
Al fin y al cabo, nadie sigue yendo a trabajar a caballo solo porque durante siglos fue el medio de transporte habitual. Evolucionamos porque encontramos maneras más rápidas, eficientes y útiles de hacer las cosas. Con la inteligencia artificial ocurre exactamente lo mismo: podemos aprender a aprovecharla o contemplar cómo otros avanzan mientras nosotros seguimos defendiendo métodos que ya no responden a las necesidades actuales.
Me interesa especialmente crear herramientas que solucionen problemas reales: automatizar procesos, conectar sistemas, construir productos digitales y experimentar con tecnologías nuevas. No me conformo con que algo simplemente funcione. Intento entenderlo, mejorarlo y llevarlo un poco más lejos.
Soy de los que piensan que la inteligencia artificial no debe ser un reemplazo, sino una evolución. Una forma de ampliar nuestras capacidades, reducir el tiempo dedicado a tareas repetitivas y convertir ideas que antes parecían demasiado grandes en proyectos que realmente pueden construirse.
No se trata de sustituir a las personas, sino de proporcionarles mejores herramientas. Porque el futuro no espera a que nos sintamos preparados: podemos aprender a avanzar con él o quedarnos mirando cómo otros lo hacen.
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